Ese dia me encontraba en la lejania de un lugar donde no quería encontrarme ni escucharme porque resultaba ser un necio por aquel momento. Siento decirlo, pero incluso alguien como su servidor es capaz de volverse alguien lo suficientemente testarudo como para ser consciente de que lo es y aun así seguirlo siendo por el mero capricho de serlo.
Paseaba por las calles del lugar, inmerso en los pensamientos de mi mente y en los juicios de mi subconsciente, comprendiendo que debía distraerme de maneras distintas a las que solía hacerlo. Pensaba que resultaría complicado porque en ese momento estaba haciendo algo de frío, estaba oscuro y veía a pocas personas por la calle a las cuales preguntarles por un pequeño lugar para perderme únicamente con la soledad que me acompañaba.
Fue ahí cuando vi ese teatro abierto y su temática, que, aunque aburrida e indiferente, se colocó frente a mí, instándome a entrar. Lo primero que vi fue un lugar cuidado y elegante, con algunas personas reunidas alrededor mirándose y hablándose las unas a las otras de temas que no le importan a nadie, pero que todos fingen escuchar: política.
Terminé entrando porque la calidez del lugar representaba una mejor sensación que seguir congelándome en el frío de aquella noche. Además, siendo sincero, quería encontrar en la basura algo verdaderamente valioso, pero mis expectativas eran bajas, por lo que no esperaba nada de ese lugar.
No creo que haga falta mencionarlo, pero ese fue mi primer error y bajé la guardia justamente porque donde alguien más veía un auditorio lleno de personas que podrían considerarse intelectuales y consideradas por preocuparse por el bienestar de los demás, para mí resultaban ser una… vulgaridad inútilmente colectiva.
Fue cuando entré que lo entendí y me resigné. Cómo decirlo, mis expectativas en ellos cayeron más de lo que mis propios principios me lo permitían al subestimarlos. Por eso me terminé quedando, porque esperaba que hubiese alguien del auditorio que pudiese demostrarme lo equivocado que estaba.
El lugar era vasto y, según mis propios estudios, lo había visualizado en los mapas, pero resultaba ser un lugar recreativo para algunas competiciones entre quienes dedicaban su tiempo a la especialización de algún instrumento musical como el violín o el piano. Seguramente cabían al menos unas mil personas en ese lugar, pero la capacidad en ese momento estaba reducida a mucho menos de la mitad; a simple vista, lo más probable es que solo fueran unas trescientas personas esparcidas entre la lejanía de sus asientos.
La entrada era gratuita porque era un evento para dialogar y debatir entre los asistentes, dirigidos obviamente por el conductor principal del escenario. Sobre todo, para tratar temas sociales o políticos, como el contexto de seguridad pública que había en ese momento. Algo en extremo adormecedor, pero eso me servía para pensar menos en mí y pensar más en ellos.
Deseaba escoger un lugar apartado de los demás solo para prestar atención antes de quedarme dormido en la lejanía de uno de los asientos traseros, pero por alguna razón esos eran los más ocupados, resaltando que probablemente los demás también venían con las mismas intenciones que las mías.
Olvidé lo que se dijo justo cuando llegué, pero recuerdo que el presentador principal tenía tan poca participación que comenzó a instar a las personas de las primeras filas a dar su ridícula opinión. Ellos eran los más abiertos a dialogar, porque quienes no deseaban hacerlo se encontraban hasta atrás, donde quería encontrarme en ese momento, así que era fácil inferir que ellos eran los más molestos, con los que no quería relacionarme por ningún motivo.
Como no me decidía por el lugar al cual sentarme, me apresuré y escogí mi asiento cerca de una columna de concreto, al lado de una mujer llamativamente hermosa, y justo detrás de otras chicas, las cuales se veían interesadas en el tema del presentador. Así que me oculté detrás de ellas para pasar desapercibido en ese lugar, ignorando todo lo demás a mi alrededor.
Al principio así fue; cuando me senté, sentí que los asientos eran cómodos y agradecí que mi llegada tardía pasara desapercibida por todos en ese auditorio, incluso para quienes se encontraban cerca de mí. Aunque he de mencionar que, desde mi insignificante instancia, me resultaba complicado no voltear a ver a la hermosa mujer que tenía sentada a mi lado.
Podría mentir, pero cualquiera que me conozca sabría que su presencia no era de mi interés. Aquella mujer se veía un poco mayor que su servidor, y aun así no podía negar que las curvas en su cuerpo resaltaban más de lo que deseaba mirar; fue por eso por lo que terminé ignorando su presencia en ese momento.
Ella vestía con cierta elegancia; a su espalda tenía un abrigo visiblemente costoso y una falda negra formal que quedaba ajustada a su cuerpo mientras intentaba cruzar sus piernas. Su cabello estaba suelto y era de un café oscuro muy bien cuidado, o esa fue la impresión que a mí me dio.
Mucha gente no lo sabe, pero toda mi vida he estado acostumbrado a estar relacionado con chicas de su estilo. Por ello, simplemente es de mi preferencia ignorarlas cuando tengo la oportunidad; no me gusta regalarle mi atención a nadie en particular, y eso claramente la incluía a ella.
Algunos lo malinterpretan pensando que puede llegar a ser algo de mi egocentrismo y no mentiré, puede que tengan algo de razón. Cuando uno tiene la dicha y la fortuna de tocar y de sentir las mejores flores y rosas de un hermoso jardín, pierde la sensibilidad con el tiempo y la belleza comienza a ser algo mucho más subjetivo de lo que una persona común pensaría. Es por eso que incluso personas como ella, acostumbradas a la atención, necesitan de su espacio, y entre ellas me incluyo; no por vanidad, sino por experiencia.
Intenté concentrarme un poco más en lo que mencionaban enfrente, pero no por gusto, sino por el extremo aburrimiento que había y por el cansancio que llevaba días ignorando.
Recuerdo que una chica en nuestra lejanía alzó su mano para añadir algo al tema; estoy convencido de que la discusión giraba en torno al derecho de las mujeres y su libertad para no ser agredidas en la vía pública (sexual o físicamente) por alguien más. Personalmente, no me parecía una estupidez, pero sí un caso perdido; es como si pidiéramos instruir a cada varón y ejercer un control sobre su accionar, el cual no debería ni tendría que fallar.
Aunque estaba de acuerdo con lo que ella mencionaba, no me sentía cómodo expresándolo, por lo que opté por grabar su explicación, la cual se estaba extendiendo demasiado. Considero que tenía una justificación con validez propia y lo hacía desde la razón y la emoción de haber atravesado una experiencia desafortunada, así que fue tal vez por eso que no quise ignorarla como a todos los demás.
Noté que mi cámara no enfocaba su rostro, así que me acerqué un poco más al asiento de enfrente para poder visualizarla; quería registrar en video el movimiento de sus manos y los ademanes que delataban la emoción de su experiencia. Aunque fuera emocional e inestable a la hora de explicarse, era obvio que se encontraba bastante afectada por los hechos que le habían acontecido en otra época de su vida.
En mi descuido toqué el hombro de la chica de enfrente con la mano que sostenía el teléfono, por lo que pensé que estaría molesta conmigo. Aunque al principio se veía un tanto irritada, seguramente porque lo que escuchaba le resultaba algo terrible e inaudito, volteó a verme con las ganas de desahogar su molestia. Sin embargo, su expresión cambió en el instante en que me vio; fue por eso que al final no lo hizo.
Ella lucía un poco mayor, por eso me atrevería a decir que ella tendría unos veinticinco años, si no es que unos cuantos más, pero incluso para no ser tan agraciada, resultaba ser una persona más agradable de lo que me pareció en primera instancia.
Como venía acompañada de quien pensaría era su amiga, ella solo se volteó nuevamente y, viendo mi brazo, lo tomó y dejó que mi mano se recargara sobre su hombro. Quizás lo malinterpreté, pero en ese momento pensé que estaba tratando de coquetear conmigo a través de su manera de actuar, más que por lo que realmente estábamos haciendo.
Intenté no pensarlo mucho y seguí grabando a aquella chica expresándose, solo para acabar viéndola hasta las lágrimas. En su auxilio, alguien que la acompañaba terminó por abrazarla para que pudiera sentarse y el presentador pudiera seguir con el debate que se estaba llevando. He de mencionar que cuando esa chica terminó de discursar o de expresar tal incomodidad, muchos más estuvieron dispuestos a hablar desde su propia inconformidad.
Luego se levantó un chico y comenzó a debatir algunas cosas sobre el gobernador de la prefectura, Katsumata Shigeru. A mi parecer, no todos tenían una grata impresión de él, pues en el momento que mencionó su nombre, algunos comenzaron a murmurar en el auditorio, dificultando que pudiese escucharse con claridad lo que quería decir aquel chico.
Como la conversación pasó de lo emocional a lo polémico, según mi perspectiva, la chica que tenía enfrente volvió a voltearse para verme y me dijo algo que ahora he olvidado. Ella se veía entusiasmada, extrañamente contenta teniendo en cuenta el contexto en el que estábamos, y aunque el lugar no era oscuro, pude notar cómo su amiga se esforzaba al intentar que dejásemos de hablar.
Al parecer, ella terminó por ignorarla, pues siguió intentando hablar conmigo. En ese momento me sentía algo más cómodo, pero no tenía muchas ganas de hablar con nadie, para ser honesto. Según mi propia interpretación ligada a mi reconocida arrogancia, podría decir que ella estaba interesada en mí, pero la diferencia de edad era notable y creo que su amiga se había percatado de ello en aquel momento. Yo apenas tenía dieciséis, pero aparentaba tener al menos unos dieciocho para el instante en que eso sucedió.
Cuando menos me di cuenta, ella se puso más cómoda girándose casi por completo y apoyó la barbilla sobre el brazo que había recargado en el respaldo de su asiento solo para seguir conversando.
Intentaré contenerme por respeto, pero su plática era inmunda, insatisfactoria y algo molesta por la excesiva carencia de su sentido común, argumentos y sus conocimientos básicos sobre lo que ella misma intentaba plantear para que conversáramos. Siendo más delicado, no es que me importe que alguien hable desde la falta de conocimiento, solo que veía en sus palabras que no era consciente de la ignorancia que intentaba transmitirme. Ella en verdad creía en sus palabras y supongo que eso comenzó a irritarme un poco a pesar de lo agradable que estaba siendo.
Aunque era mayor, se veía linda con la vestimenta que había escogido para ese día, pero no terminaba de llamar mi atención como seguramente deseaba. Intentes seguir la conversación en temas más centrales y específicos como el uso de la moral en las mecánicas sociales, pero diría que fue el único en el que no coincidimos prácticamente en nada. En realidad, pienso que realmente no coincidimos en nada, porque como estúpido intentaba inclinar mi cabeza en señal de aceptación solo para que cambiase de tema, por lo que dejé de prestarle atención en el momento en que intentó hacerse la interesante conmigo.
No creo que fuera estúpida; probablemente alguien la había malinformado y ese alguien estaba intentando que dejásemos de hablar. Había observado eso en otras personas antes, donde sus perspectivas y conceptos de vida se habían modificado desde que alguien más les introdujo esas ideas y conceptos como propios.
Sin mencionar nada más que pudiera llevarme a la horca de los juicios apresurados, pero sumamente acertados, diré que después de unos minutos decidió levantarse para ir al tocador con su amiga. Aunque pienso que es probable que su amiga llevase un tiempo considerable tocándole y picándole las costillas para que la acompañase al tocador. Teniendo en cuenta eso, me resultó un gesto encantador de su parte que se retirase en el momento en que terminamos de hablar.
Me quedé ahí en silencio escuchando las opiniones varias que tenían sobre el gobernador, pero debería decir que muchos de ellos no solo estaban inconformes por su reciente ascensión, sino por lo que eso conllevaría para la prefectura en sí.
Según lo que sabía en ese momento por mis propias investigaciones, se trataba de un político de ética dudosa, metido en muchos asuntos financieros densos y otros de los que solo sospeché en su momento. Me abstendré de comentar sobre esos hechos porque no lo investigué lo suficiente; por ello lo siento.
Enfocándome un poco más en lo que sucedía en ese momento, simplemente puedo decir que intentaba ignorar las palabras hipócritas de quienes deseaban lucirse entre el público, por lo que opté por cerrar los ojos y respiré, suspirando y tomándomelo con calma.
Ahí fue cuando la escuché en mi oído, intentando susurrarme algo que no me esperaba.
—Yo tampoco quiero seguir fingiendo que esto es algo que realmente me interese —mencionó esa voz.